El frío me congela, invetiblamente; pero de alguna forma por dentro estoy cálida. Mis pies están descalzos y mis ganas de seguir se dejan vencer por la vaguedad que nunca abandonó mi cuerpo. Y el miedo de ser quien no quiero y estar sin estabilidad y apoyo.
Añoro encontrar eso que perdí y que me dejó con un vacío enorme. Así que cierro los ojos y me elevo hasta engancharme en una nube. Una nube un tanto gris que me transmite un mal sentimiento.
Entro en un mundo en el que las historias se me mezclan y no reconozco a nadie. Pero yo sigo arriba, y todavía me busco. Me busco con los ojos vidriosos y con un sentimiento de ahogo y desesperación enorme. Pronto, mis ojos flecharon a esa chica que caminaba a paso apurado por la calle principal. Esa que tenía cara de preocupación y que era observada por el resto. Con un café en la mano y abrigada hasta el cuello, sigue corriendo y de vez en cuando escupe un "perdón" hacía la gente por empujarlos tanto. Después de caminar varias cuadras se terminó sentando en el piso de una vereda fantasma en la que lo único que se oía era ese llanto que aparentaba ser eterno. Su cara estaba congelada, pero sus lágrimas la humedecían completamente. Todo su dolor se reflejaba en su llanto.
Sólo necesitaba eso para saber que te perdí, que inevitablemente ese día salí corriendo de mi casa sólo para llorar tranquila. Que el vació de mi vida es por vos y que quien me complementa hoy desapareció.
Y sinceramente, me siento en caída libre hacia la nada. Me siento lista para llorar un océano entero. Me siento más vacía que nunca. Me siento en el borde del abismo sin mano que me sujete o voz y palabra que me incentiven a seguir caminando firme y con equilibrio. No tengo voz ni energías. No tengo ganas y se me agotaron las esperanzas. Perdí mis sonrisas y soy tan insignificante como lo solía ser antes de conocerte.