Pero no siento que sea fácil, no siento que la confusión se esté yendo, no siento que el frío se torne cálido, y no le veo una salida a nada. No sé exactamente como calmarme a mí misma, ni sé entenderme. No descubrí como ceder a determinadas cosas, y no tengo idea de cual es la respuesta a mi pregunta. No sé aclararme las ideas y todavía no sé qué siento. El llanto sigue siendo la visita que viene sin aviso previo y la sonrisa suele ser sincera y a veces sólo maquillaje. El espejo sigue siendo quien me aclara mi realidad exterior y las palabras ajenas siguen siendo eso que mi cabeza retiene por días. Sigue ese enredo de ideas y cosas que causan un poco de tristeza. Siguen pasando los recuerdos que mi memoria me escupe en la cara siempre para hacerme acordar que todo es un cambio irreversible y que tengo que aprender a enfrentar el presente por más rara que me sienta.