Mucho más que una mirada.

Este es un relato ficticio.
Ellas son especiales. Algunas personas las odias, otros las adoran; algunos no creen en su existencia y hay quien ni sabía de ellas hasta este momento.
Hay de todos los colores, tipos y formas. Están las que vienen de la luz, y las que vienen del fondo del mar, de la oscuridad del océano, de lo tenebroso.
¿Crees que estoy loca? Cuando la vi por primera vez también lo creí. Era ilógico, irreal, inimaginable y estúpido. ¿Por qué yo? ¿Quién me manda a encontrarme con este ser tan maravilloso? ¿Era el destino o el azar?. Miles de preguntas y respuestas tontas, recorrían mi mente ese dos de julio de 1997.
Estaba oscureciendo, hacía frío y se podía sentir como caía la nieve sobre el muelle. En el agua se veía un brillo incandescente. Con la curiosidad que me caracteriza, fui a ver que sucedía. Fue así como vi a mi primer sirena. Estaba atorada en una red de pesca, su rostro mostraba tristeza y parecía pedirme ayuda.
¿Vieron esos impulsos que tienen los seres humanos? Bueno, así reaccioné yo. Me arrojé al agua helada, no me importaba nada, debía ayudar a la sirena.
Desaté las redes que inmovilizaban su cola y aflojé los nudos que había en sus brazos.
La dejé ir, simplemente me sonrió y se fue alejando lentamente. No la volví a ver. Era única, como olvidar su cabello oscuro y completamente ondulado. Su piel fría y suave. Esos ojos negros, grandes y brillantes. La sonrisa sincera, como la de una niña. Era tan bella.
Ni siquiera me moví, ya no sentía el cuerpo, veía mis manos pálidas y no reaccionaba. Alguien pasó caminando por allí y me gritó "¡Oye! ¿eres estúpido o qué? El frío congela hasta el aliento. ¡Y tú ahí! Ven que te ayudo, sal de allí.".
Permanecí inmóvil, no interesaba nada, estaba hipnotizado por esos ojos y esa sonrisa petrificante. Unos minutos más tarde la persona que me había gritado me sacó del agua. Ese invierno estuve internado casi tres semanas. Sin embargo no me molestó; yo seguía perdido en la mirada de mi sirena.
Nine ✞